Episodio 1º
Le debo tanto a tanta gente que no tengo ni idea de por quien empezar. Aunque ahora que lo pienso, quizás él sea la persona indicada. Casi dos años de mi vida han girado en torno a él, a su mundo, a sus ideas, a sus pensamientos, a sus ojos y a su sonrisa. Su sonrisa. Esa a la que adoraba, adoro y adoraré siempre. Como alguien me dijo una vez 'Yo soy feliz si de alguna forma consigo que mis amigos sean felices' Y es verdad, cada vez que era yo la que conseguía una sonrisa suya me sentía la persona más feliz del mundo. Pero ese día, ese día su sonrisa no aparecía por ninguna parte. Y yo, aún recuerdo cada segundo de aquella tarde, en concreto esos cinco minutos que quedaron grabados en mi retina para siempre.
Estamos en una habitación, tiene dos camas, siempre me ha encantado como está decorada, en tonos blancos y morados. Ella no está, ha ido al baño, seguramente cuando salga de allí su vida dará un giro inesperado. Él está sentado, mal sentado. Está en la cama más baja casi tumbado y apoyando la cabeza en la cama más alta. Yo estoy sentada con las piernas cruzadas a su lado mientras él juega a la consola, quizá para evadirse de lo que pueda ocurrir. Tiene el semblante serio, muy serio, mira fijamente a la pequeña pantalla y a pesar de mis esfuerzos por hacerle sonreir no lo consigo, a veces se dibuja media sonrisa en su cara pero desaparece en milésias de segundo.
Nos quedamos en silencio, serios, durante un par de minutos. Él sigue concentrado en su juego, no aparta la mirada ni un segundo de la pantalla. De vez en cuando le miro, es la primera vez que le veo asi, da la impresión de que pasa de todo, que no le importa lo que podría pasar. Entonces, pronuncia unas palabras, unas palabras que jamas se me olvidaran.
-¿Me das un abrazo?
Él aparta la mirada de la pantalla y posa sus ojos sobre los mios. Estan brillantes, tiene miedo, está asustado, teme lo que pueda pasar. Y sin pensármelo dos veces rodeo su cuello con mis brazos a la vez que siento los suyos sobre mi espalda. Está asustado. Y así sin que ni siquiera nos dé tiempo a deshacer el abrazo, entra ella, asustada, más incluso que él, está a punto de llorar.
Y esa imagen de la que era mi mejor amiga llorando entre mis brazos es la última imagen que tengo de ella. Pero eso es otra historia.
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